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Islas Ballestas

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Islas Ballestas

A las 8:00 estábamos ya en el muelle, justo al lado de nuestro hotel, listos para la excursión a las islas Ballestas (15 soles por persona).
Nos pusimos el chaleco salvavidas y nos subimos a un barco con treinta personas más. Salimos de Paracas con el habitual cielo nublado.

Después de aproximadamente 10 minutos de navegación para las islas Ballestas, llegamos frente a la primera atracción, el gran «Candelabro de Paracas». Un enorme geoglifo que yace en las laderas de una colina de 180 m de altura, con vistas al Océano y que se puede ver desde el mar abierto hasta 12 millas de distancia.

El guía que nos acompañó en el barco nos dijo que probablemente fue hecha por la civilización Paracas (entre 750 aC y 10 dC), pero el significado de esta escultura aún se desconoce en la actualidad.

Despues de esta breve explicación, el barco salió nuevamente en dirección al mar abierto y las Islas Ballestas.

Finalmente vimos las islas a lo lejos y al acercarnos pudimos ver muchas, muchas aves volando de un punto a otro por encima de los islotes.

El guía nos dijo que en estas islas y en toda la reserva de Paracas ¡Hay 36 especies de mamíferos y más de 200 especies de aves!

Pinguini di Humboldt

En las islas Ballestas los mamíferos más famosos son los pingüinos de Humboldt (desafortunadamente en peligro de extinción). Ademas de los leones marinos de América del Sur, las focas, la Sula Variegata, los pelícanos, las gaviotas y muchas aves más.

El barco disminuyó la velocidad y llegamos frente a una isla donde había una docena de pingüinos. Fue genial verlos en su hábitat. Algunos dormían con la cabeza extendida a un lado del cuerpo, otros miraban a su alrededor y otros se zambullían en el mar.
Foche isole Ballestas
Dimos vueltas por las islas y fue emocionante ver a todos estos animales viviendo juntos en un contexto aparentemente pacífico. ¡La excursión duró aproximadamente dos horas! Tomamos muchas fotografías e intentamos filmar con el barco moviéndose en las olas.

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A las 10 volvimos a Paracas y Juan nos estaba esperando para seguir con nuestro viaje en dirección a la oasis de Huacachina, a 55 km de la ciudad de Ica.

Salimos de la costa y nos adentramos en el desierto a través de la antigua carretera Panamericana, una carretera más estrecha pero siempre recta.

El paisaje estaba prácticamente desierto, hasta la llegada a Huacachina, una oasis en el desierto.

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